Una vez más

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Como un cardo en un campo de amapolas, aguantando estoico la llegada de las olas creadas por el viento, el pasar del tiempo, las horas solas.

Esquivando, sin quererlo, las miradas cómplices, las caricias y los besos siempre de otro dueño, de otra boca, otros sueños.

Transparente como el aire en invierno, que sabes que está, porque se siente, pero tan liviano como para olvidarlo al momento.

Con la mirada baja, al suelo, como si no fuera a trastabillar con cada tropiezo.

Y qué tropiezos.

Caer de cara y levantarse de nuevo para volver a caer y caer y caer…

Y empezar de cero.

Peino canas en el corazón y sacudo el polvo con cada suspiro, aleteando las pestañas cuando miro la distancia entre el mañana y mis ganas, las que me tragaré con el alba, hambriento de tus palabras.

Las que nunca llegan, nunca nunca suenan.

Y suena la melodía lenta del lamento, en este instante.

Una caída más, esta vez con sentimiento.

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